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September 06 Otro cachito de novelillaMe parece que Juan y Miranda se han metido donde no les llaman...
[...] Estaban en la cocina, amueblada con tonos metálicos, parecía mucho más de esta época que las dos salas que había visto ella. Juan estaba en un recodo detrás de la nevera. Había abierto una puertezuela y se había colado en una despensa o algo similar.
- Esto debía ser la alacena.- explicó Juan cuando vio llegar a Miranda- Aún no se me ocurre porqué estaba la puerta principal abierta. - Cierto.- respondió ella mirando a los techos de la despensa- Esta habitación acumula mucha humedad, ¿no? - Bastante, y además está ese olor como a formol o algún tipo de conservante orgánico. - Juan, no sé qué hacemos registrando la casa de Emilio- preguntó Miranda.
Juan rozó una pared con un dedo y rascó sobre un resquicio. Había visto una brecha en la pared que le llamaba la atención. Sopló sobre la brecha y apartó el polvo que la cubría. Poco a poco, fue revelando una silueta similar a una puerta, pero que quería estar oculta a ojos indiscretos.
- Creo que he encontrado algo.- anunció Juan sin prestar atención a la observación de su amiga.
No parecía tener pomo y mecanismo de apertura visible, así que Juan comenzó a palpar por los alrededores, buscando activamente una palanca o un mecanismo que abriera la puerta. Miranda miraba con un sentimiento mezcla de curiosidad y preocupación. Se recostó en el respaldo de una silla cercana. La silla cedió un tanto y se levantaron las patas delanteras. Se oyó un chasquido seco y la puerta de la alacena se cerró de golpe.
Juan y Miranda se alarmaron y se giraron hacia la puerta. Ella intentó bloquearla con las manos, pero se dio cuenta de que sería una mala idea para sus dedos. Juan, apoyado sobre la puerta secreta, notó que cedía tras las yemas de sus dedos. Arrastrando el polvo del suelo sonoramente, el panel cedió sobre los goznes y giró unos centímetros. Pesaba una tonelada. Dentro de esa sala se oía el eco de un débil hilo de viento que entraba por algún resquicio. Había telarañas en todos los ángulos, el polvo se acumulaba en determinadas zonas, pero parecía que había una parte más o menos arreglada. Allí, se intuía un bulto del tamaño de una persona. Hacía frío y al respirar, Juan y Miranda condensaban algo de vaho.
- Juan, deberíamos irnos.- susurró atemorizada Miranda. - Calla. Ahora que estamos aquí lo menos que podemos hacer es mirar- respondió en voz baja- ¿Qué será eso?- sus voces rebotaban contra las paredes como si fueran de metal.
Juan palpó la pared a un lateral buscando un interruptor que no encontró. Siguió pegado a la pared, tratando de aproximarse al bulto. Parecía tapado con una gran lona o sábana, pero la luz que entraba por la despensa era demasiado escasa como para apreciar nada con fiabilidad. Siguiendo la pared, llegó hasta una caja que podía tener un conjunto de fusibles. Tocó la superficie buscando una apertura sin apartar los ojos del bulto. Ahí estaba. Un picaporte de plástico frío. Lo giró y abrió la caja. Miró fugazmente el interior. Apreciaba formas, pero sabía que era un riesgo activar algo que no ves. Dudó unos instantes y se decidió a meter la mano.
- ¿Juan, qué haces?- preguntó de repente Miranda, que había seguido la pared por el otro lado.
Juan dio un respingo y la manga de su camisa se enganchó en una varilla de metal de dentro de la caja. Al intentar sacar la mano, tiró de la varilla y los fluorescentes del cuarto parpadearon arrojando su mortecina luz sobre el volumen que antes era un bulto irreconocible. Miranda dio un pequeño grito cuando vio a Juan frente a ella. Juan seguía enganchado al interruptor. Después de forcejear un poco, sacó la mano de la caja de fusibles. Había tres más inactivos pero los dejó estar [...] July 08 Más capítulosPego un fragmento más de mi novelilla. Para abrir boca acerca de... leedlo vosotros mismos:
[...] Llegaba a la entrada de la sala de seguridad justo al tiempo que el jefe del departamento sellaba la célula de reconocimiento con la punta de sus dedos. Se volvió con un displicente gesto extrañado. Hernán Martín. Dejaba el cuarto con el resto del cuerpo de sistemas de seguridad encerrados dentro de la sala hasta nueva orden. Parecía que el asunto era de importancia.
- ¿Buscaba algo, doctor?- preguntó el vigilante enarcando una ceja - Sí, señor Martín. De hecho necesito ver las células de vigilancia de la Planta Cuarta.- respondió Emilio. Martín se detuvo un segundo y cuando iba a decir algo sonrió de forma maliciosa y volvió a posar sus dedos en la cerradura. - Pase, pase- continuó- Pregunte al cabo Ferraz por las células 4a-2. ¿Son esas las que quiere? - Sí, muchas gracias.- concedió Emilio pasando sin dar más importancia al jefe.
Martín selló la cerradura con Emilio al otro lado y se volvió hacia las escaleras que llevaban a los pisos de investigación. Su expresión volvió al cemento armado de flema británica que tanto odiaban los compañeros de Emilio.
Miró a un lado y a otro mientras los oficiales de vigilancia se movían de un lado a otro de la estancia principal, cuyas paredes estaban forradas de pantallas transparentes con miles de luces titilando sin cesar. Eran los paneles de control de empleados. Los monitores que se intuían a través del vano abierto al fondo de esa sala eran el objetivo de Emilio. Se acercó a uno de los funcionarios y preguntó por el cabo Ferraz. - Sí, -respondió el joven sonriendo- está en la sala de monitores- señaló hacia el fondo del cuerpo de guardia.- Pregunte por el bien alto y le atenderá con sumo gusto. - Gracias- repitió Emilio. Ahora sí se dio cuenta de que el chico había sonreído de forma similar a Hernán Martín. ¿Por qué?
Entró en la famosa sala de monitores. Aquello era apabullante. Sólo había monitores y un teclado táctil conectado a una consola de control remoto. Pero debía haber cientos de monitores. La sala era ciclópea y solo estaba iluminada por las pantallas, que daban al lugar aspecto de cripta. Sin ayuda, tardaría una eternidad en encontrar las células de vigilancia. Habían reformado la sala desde su última visita. De hecho, el anterior jefe de seguridad había dejado el puesto de forma “vitalicia”.
- ¿Cabo Ferraz?- entró titubeando- ¿Alguien me puede echar una mano? [...] May 20 Star Wars Episodio III: La venganza de los SithEpisodio III. Sólo puedo decir una cosa al respecto. Y creedme que no estoy en un momento de esos que nublan la mente. Y creedme que estaba muriéndome por decir esto: GRACIAS UNA VEZ MÁS, GEORGE LUCAS. Has creado algo que a pesar de los momentos bajos (y han sido muy bajos) me ha hundido en el asiento, clavado en la butaca, sacado las lágrimas y renovado mi admiración por todo el mundo que ha sido creado. De tu mano, demasiado tarde y demasiado mayor para mi gusto, me inicié el mundo fantástico que, en complemento con el de Tolkien, ha conformado mi infancia, mi adolescencia y gracias a Episodio III mi, llamémosle así, etapa adulta. Y ahora, ya no de tu mano, aunque viendo los dos anteriores Episodios resulta un poco increíble, seguiré caminando por él por mi cuenta. Has conseguido lo que no creía posible. Has renovado mi fé en Star Wars. Mi fé en ti. Y en tu equipo. Te envidio. Pero creo que tu deberías envidiarnos más a los fans. Muchas gracias. May 18 Miyamoto Musashi (1584? - 1645)El famoso espadachín Miyamoto Musashi nació como Shinmen Takezo en la provincia de Harima y debió haber luchado en la batalla de Sekigahara bajo el mon Ukita com oun soldado de a pie. No hace mención a esto (posiblemente poco sorprendentemente) en la corta biografía que aparece en su libro, prefiriendo limitarse a sus logros en combate singular. Decía haber derrotado a su primer oponente (Arima Kihei) a la edad de trece años, continunando por una victoria sobre un “podersoso artista marcial llamado Akiyama de la provincia de Tajima”. Después de 1600 Musashi vagó hasta Kyoto y se vio envuelto en una batalla bien conocida con la Escuela de Esgrima Yoshioka, de la que salió victorioso. Escribió que se vio envuelto en sesenta duelos sin sufrir la derrota en ninguno de ellos, y fue recordado por esto gracias a su habilidad en empleando dos espadas al mismo tiempo, lo cual usó como efecto letal. Gran parte de la vida de Musashi entre 1600 y 1640 es parte de la leyenda y algunos han postulado que sirivió en el Castillo Okada (1614-1615) en el bando defensor, tomando algunas cabezas en el proceso. En una rama similar, a veces se dice de él que ayudó a sofocar la Rebelión Shimabara de 1638- una teoría que, junto a sus glorias en Osaka es imposible verificar. Por otro lado, muchos de los sucesos relevantes descritos en la famosa novela de Yoshiaka Eiji, Musashi, tienen una base real, incluída su refriega con al Escuela Yoshioka, su derrota a manos del gran lancero Inei (sacerdote principal de los Hôzô- In), y su duelo en 1612 con Sasaki Kojiro, otro famoso espadachín. Menos conocida es su habilidad como pintor, cuyos trabajos incluyen un número de autorretratos y paisajes naturales. Se dice de Musashi que raramente se bañaba o se cambiaba la ropa así como que sufría de cierta desfiguración causada por la piel. Después de su duelo con Sasaki, pareció haber enfocado sus energías en perfeccionar su estilo de esgrima, pasando mucho tiempo viajando y reflexionando- y por lo tanto haciendo epítome su muy amada imagen de samurai vagabundo. En 1640 Musashi aceptó dar servicio al clan Hosokawa, y tres años después, en la provincia de Higo, comenzó a trabajar en su gran libro Gorin no shô (El Libro de los Cinco Anillos). Acabó este trabajo tan influenciante en la esgrima en Mayo de 1645- el mismo año que murió. Musashi ha disfrutado de una enorme popularidad en el siglo XX y más allá, como resultado de la novela de Yoshikawa- que fue publicada originalmente en forma de serie en el Asahi Shimbun. Musashi teje hábilmente realidad y ficción para crear una historia que ha experimentado un creciente reconocimiento en Occidente. Curiosamente, el Asahi Shimbun hace notar en 1988 que al menos una fuente del Período Edo cuestionó el duelo entre Musashi y Sasaki, afirmando que Musashi no estaba solo, y que sus seguidoresmataron a Ganryu cuando había sido derribado. En 1980 en los Estado Unidos el propio libro de Musashi, Gorin no shô, fue tomado como un destello de la mente japonesa y fue consumido por los hombres de negocios americanos- quizá para la irónica diversión de sus contrapartidas japonesas May 11 Acerca del maestro y el aprendizaje...Si tiene la inmensa fortuna de ser discípulo de un maestro verdadero, ha de ser con toda seguridad un hombre de corazón puro y de coraje, capaz de merecer la confianza y la entrega de su sensei. Jamás traiciones esa confianza, bajo ningún pretexto, por ningún precio, ya que esa relación espiritual maestro-discípulo es lo más grande, lo más sagrado de su vida. La tradición del Budo afirma que lo difícil no es encontrar a un maestro, sino llegar a ser discípulo. Si no ha encontrado un guía para su existencia, debe por sí mismo llegar a ser su propio maestro. Es usted en último análisis quien ha de recorrer uno a uno los tiempos y los espacios del kata y descifrar el misterio de su propio koan. Sólo con su mente como único testigo, como único arma, forjada en la fragua de su corazón y templada con la sangre, el sudor y las lágrimas de una batalla por la conquista del alma. Poco importa si su kata es sencillo o complicado, si usa arco, un sable o sus propias manos. Dondequiera que vaya, cualquier cosa que usted haga, cualquier kata que se decida a descifrar, comience de todo corazón. May 04 Enhorabuena Adelia!!!Pues sí! Después de haber comprobado que los chicos de Kenwakai están más fuertes que nunca, solo nos queda felicitarles. Pero la mayor felicitación nos la guardamos para Adelia, nuestra gran campeona femenina individual. ENHORABUENA!!! (Para aquellos que no la conozcáis, Adelia es la chica de vuestra derecha) (Al respecto del Curso de Saito 2005 y del Campeonato de Madrid de Kendo, ya pondré alguna fotito y algún que otro comentario.) Publicado Nuevo RelatoBuenos días, a los que me leéis aquí, q debéis ser dos. Ya tengo publicado el tercer relato en la web de mi club de Kendo: La Eternidad. Si queréis leerlo, ya sabéis qué visitar: www.zanshin-madrid.com Gracias April 26 Taira Munemori (1147 - 1185)Rival de Minamoto Yoshitsune en Dan- no- Ura, aquí podéis ver parte de la historia de Taira Munemori. Las comparaciones son odiosas, pero es como un charco de barro frente al excelso Yoshitsune. ¡Disfrutad de la historia! Munemori ascendió al liderazgo de su clan tras el fallecimiento de Kiyomori en 1181, un año después del comienzo de la Guerra Gempei. El hijo mayor de Kiyomori, el famoso y talentoso Shigemori, había muerto antes que su padre (1179), dejando que el incapaz Munemori tomara su puesto. Inicialmente, Munemori heredó una guerra en suspenso– el pobre clima había devastado las cosechas de 1180 y 1181, forzando ambos bandos a cesar las hostilidades. Antes del cese del fuego, Minamoto (Kiso) Yoshinaka había dirigido una fuerza desde Shinano hacia Etchu, Kaga y Echizen. Al mismo tiempo, un ejército bajo el mando de Minamoto Yukiie se había estrellado en Owari, mientras que diversas operaciones en Kanto estaban aún por concluir. La guerra parecía poder dirigirse en cualquier dirección, y fácilmente hacia los Taira, que tenían un hombre capaz para dirigirles. Desafortunadamente para ellos, este no fue el caso. Cuando los almacenes de arroz se recuperaron los suficiente para permitir una acción ofensiva, Munemori envió a su hijo Koremori y a su hermano Michimori a Echizen con el objetivo de hacer retroceder a Yoshinaka. La campaña comenzó de forma desastrosa, alimentar a la pobremente entrenada masa de soldados que los Taira estaban intentando acantonar presentó un problema logístico que decidieron preceder. De acuerdo con La Historia de los Heike, el ejército Taira se convirtió en un voraz enjambre de langostas antes incluso de llegar a Echizen, algo realmente cruel, desatarse sobre unos campesinos que apensa sí se habían recuperado de un año de hambruna. No es necesario decir que la Batalla de Kurikara (Junio de 1183) acabó con una aplastante derrota Taira. De un solo golpe magistral, Yoshinaka le dio la vuelta a la guerra y deshizo las Fortunas de los Taira. Con las banderas de Yoshinaka dirigiéndose a la capital, Munemori pidió ayuda a los monjes guerreros del Monte Hiei. Cuando el Templo Enryaku- Ji respondió con una firme negativa, Munemori cogió al Emperador Antoku, la mayor parte de la familia real y los Tesoros Reales y huyó de Kyoto. Yoshinaka llegó con velocidad e instauró al antes Emperador Go- Shirakawa en el trono. Los Taira se ocuparon de preparar una defensa de las provincias del oeste hasta 1184, mientras Minamoto Yoritomo eliminaba a Yoshinaka (quien se había convertido en un peligro mayor que él mismo para los Minamoto). Puede ser que Munemori esperara que esta distracción presagiara algo bueno para los Taira, pues mantenía un puesto avanzado en Ichi- no- Tani en Settsu, solo en caso de tener una oportunidad para contraatacar. En Marzo de 1184, sin embargo, el legendario Minamoto Yoshitsune capturó Ichi- no- Tani y la guerra entró en sus etapas finales, pues la puerta del oeste se había abierto. Minamoto Noriyori fue enviado por tierra mientras que Yoshitsune preparó un asalto en los cuarteles generales de Munemori: Yashima en la provincia de Sanuki. Un año después de la caída de Ichi- no- Tani, Minamoto Yoshitsune cruzó Shikoku en un ataque relámpago contra Yashima. La batalla no fue costosa en términos de sangre, pero concluyó con otra retirada- le última posible. Cuando Munemori y su ahora descorazonado clan llegaron a la base en Hiroshima en el Estrecho de Shimonoseki se habían quedado sin lugares para esconderse. Más allá solo había mar y Yoshitsune estaba bien asentado. Llegó en Abril, y en la mañana del día 25 comenzó la última batalla de la Guerra Gempei. Superados en número tanto en hombres como en navíos, la situación de los Taira parecía ensombrecida. En esta encrucijada crítica, Munemori cometió un error agravante. Entre sus generales se contaba el llamado Taguchi Shigeyoshi, de quien Taira Tomomori sospechaba era un traidor. Tomomori pidió la ejecución de Taguchi solo por obtener esa tranquilidad- una petición que Munemori rechazó. La Batalla de Dan- no- Ura (el episodio de la historia japonesa preferido por este humilde cronista) probó una amarga lucha. Los Taira no tenían nada que perder por lo que lucharon con una fuerza que hizo recordar sus días de gloria. Determinado a acabar con Yoshitsune, Tomomori luchó bien y con valor, pero justo como había temido,Taguchi cambió de lado y reveló en qué nave se podía encontrar el Emperador Antoku. Combinado con un cambio de las mareas, este evento selló la batalla y mucho Taira, habiendo luchado todo lo que pudieron, se arrojaron al mar. Tomomori, se abrió paso hasta la nave del Emperador e informó a Antoku y a su madre que todo estaba perdido, saltando ambos al agua para ahogarse. Por su parte, Munemori fue algo indiferente ante la opción del suicidio y dudó, a pesar de las maldiciones de su madre (quien lo acusó de ser en realidad, hijo de un vendedor de quitasoles- literalmente). Uno de sus propios hombres intentó dar buena cuenta de Munemori empujándole por la borda. Pero resultó ser mejor nadador que líder y fue pescado más tarde por los Minamoto. Fue llevado a Kyoto y ejecutado con vergüenza, uno de los pocos Taira que no cometieron seppukku en Dan- no- Ura. Munemori se convirtió en un infame por su ineptitud y totalmente desprecio por no morir con su clan en Dan- no- Ura el 25 de Abril de 1185. April 14 Minamoto Yoshitsune (1159 - 1189)Pocos samurai aparecen tanto en la historia y conocimiento japoneses como Minamoto Yoshitsune, el brillante general cuyas tácticas ganaron una cadena de victorias para su hermano Yoritomo y que culminaron en la desaparición del clan Taira. Yoshitsune era hijo de Minamoto Yoshitomo (1123-1160), quien apoyó a los Taira a lo largo de los Altercados Hôgen (1156). El propio padre de Yoshitomo fue muerto como consecuencia del incidente, así como once parientes más. En 1159 el mismo Yoshitomo intentó desafiar a los Taira pero fracasó. El año siguiente fue asesinado; su mujer y sus hijos fueron encontrados más tarde y llevados ante Taira Kiyomori, quien los despreció. Yoritomo, el segundo mayor, fue enviado a Izu mientras que Yoshitsune fue enviado a un templo en Kuramayama, al norte de Kyoto. Más tarde fue entregado a la custodia del gobernador de esa provincia, Fujiwara Hidehira (? - 1187). Poco más se sabe con certeza acerca de la juventud de Yoshitsune, aunque historiadores más tardíos llenaron los huecos con una serie de aventuras, en una de las cuales Yoshitsune escapaba del monasterio para ser entrenado en esgrima por uno de los míticos tengu. En Mayo de 1180, el Príncipe Mochihito, el hijo del emperador retirado Go-Shirakawa, ordenó a los Minamoto levantar armas en contra de los Taira. Aunque Mochihito sería asesinado en junio y Minamoto Yorimasa fracasó en la Batalla de Uji, un fuego había sido encendido en septiembre. Yoritomo levantó un ejército en Kanto. En algún punto en 1180 Yoritomo y Yoshitsune se reunieron, probablemente por primera vez desde su separación en 1160. Sus actividades exactas se sumergen de nuevo en lo desconocido hasta 1184, cuando dirigió un ejérito contra Minamoto (Kiso) Yoshinaka. El 2 de junio de 1183 Yoshinaka había obtenido una gran victoria sobre los Taira en Kurikara y a finales de agosto ocupó Kyoto. Con los Taira a la defensiva, Yoshinaka se movió para asumir el control general sobre los Minamoto, una aspiración que Yoritomo no podía permitir. Usando como pretexto el pobre comportamiento de las tropas de Yoshinaka en la capital, Yoritomo envió a Yoshitsune para expulsarle de la capital. En febrero de 1184 Yoshitsune, quien se había ganado el rango de Sô- daisho (General del Ejército), dirigió un ejército que incluía a su hermano Noriyori (1156 - 1193) y Kajiwara Kagetoki (? - 1200) a la zona de Kyoto. Yoshinaka envió un ejército para tomar posiciones en el río Uji y cubrir los dos cruces principales- los puentes de Uji y Seta. El ejército atacante se dividió en dos partes, con Yoshitsune dirigiéndose al puente Uji mientras que Noriyori cruzó el río hacia el puente de Seta. Ambos asaltos a los cruces fueron exitosos y los hombres de Yoshinaka perdieron la moral y huyeron. Cuando Yoshinaka recibió las noticias de la derrota, abandonó Kyoto e intentó huir del lugar con un puñado de sirvientes, incluyendo al único ejemplo en Japón de mujer samurai – Tomoe Gozen. Pronto fue arrinconado en Awazu y cometió seppukku (suicidio ritual). Con Yoshinaka fuera del camino, Yoritomo se aseguró el apoyo de Go- Shirakawa y ordenó declarar la guerra a los Taira. El 13 de marzo Yoshitsune y Noriyori recibieron permiso para marchar hacia las provincias occidentales y se movieron hacia Settsu, la puerta este hacia el mar interior de Setô. El primer objetivo de Yoshitsune era el puesto Taira en Ichi no Tani, una fortificación bien posicionada cubierta por la zona trasera por una escarpada inclinación. Aquí fue hacia donde los Taira habían huido en su retirada de Kyoto y podía ser empleado como una fase para futuros intentos de retomar la capital. Ichi no Tani estaba escudada en diversos fortines que incluían Mikusuyama al norte e Ikuta no Mori al oeste. Estos debían ser reducidos antes de que Ichi no Tani pudiera ser atacada. Yoshitsune iba a dirigir una fuerza de unos 10000 hombres alrededor de Ichi no Tani y resolvió atacar por el oeste mientras que 50000 hombres (de acuerdo con las historias de guerra) bajo el mando de Noriyori golpearían desde el este. El 18 de Marzo Yoshitsune se aproximó a Mikusuyama. Temiendo que los Taira reforzarían esta importante posición, Yoshitsune lanzó un ataque nocturno inmediato que echó el fortín abajo. De acuerdo con el Heike Monogatari, los defensores supervivientes, incluídos tres nietos de Taira Kiyomori, huyeron hacia la costa y pasaron hasta Shikoku dejando 500 muertos. Yoshitsune envió a 7000 hombres a las órdenes de Doi Sanehira por el lado oeste de Ichi no Tani mientras él dirigía a los restantes 3000 hacia la cima de los montes que dominaban el fortín. Mientras tanto, Noriyori había empezado el ataque a las posiciones frontales de los Taira en Ikuta no Mori. Mientras Doi comenzaba a intercambiar disparos con los Taira que se encontraban abajo, Yoshitsune buscaba a un hombre que conociera una forma de bajar a la parte trasera de Ichi no Tani, y el monje Benkei le proporcionó un guía. Con la atención de los Taira totalmente distraída por Doi y Noriyori, Yoshitsune lideró a sus hombres en una escalofriante cabalgada por la pendiente y hacia la parte trasera del fuerte. Aturdidos por la realización de aquella hazaña que ellos habían asumido como imposible, los Taira cayeron presa del pánico, su moral destruida por la hazaña de Yoshitsune. Cogiendo al aún niño Emperador Antoku, los comandantes Taira se alejaron hacia sus naves, ancladas justo en la costa. Los barcos se llenaron rápidamente y desplegaron los velámenes, abandonando a más de unos pocos guerreros Taira detrás para luchar y morir en la orilla, incluido el trágico Taira Atsumori. La victoria Minamoto en Ichi no Tani despejó el camino para un asalto en Yashima, los cuarteles generales de los Taira en Shikoku. Yoritomo decidió adoptar una aproximación cautelosa y refrenó a sus dos combatientes hermanos menores. Los seis meses siguientes se pasaron consolidando las ganancias ya logradas y poniendo en orden a las muchas familias que habían apoyado o se habían opuesto a los Minamoto. Inmediatamente después de Ichi no Tani, Yoshitsune y Noriyori regresaron a Kyoto y desfilaron con las cabezas de notables Taira por todas las calles. En octubre, Noriyori fue enviado a destruir a los seguidores Taira de Kyushu y comenzó una larga y agotadora marcha a las provincias de occidente.Yoshitsune permaneció en Kyoto y actuó esencialmente como el delegado de Yoritomo hasta principios de 1185. Oficialmente, Yoshitsune era responsable de emitir decretos que ordenaban la finalización de cualquier tipo de violencia en territorio Minamoto. En la práctica, sus directivas cubrían otras tareas, incluida la prohibición de proyectos e impuestos de guerra sin el expreso consentimiento del liderazgo Minamoto. Durante la estancia de Yoshitsune en Kyoto los primeros signos de ruptura entre él y Yoritomo se hicieron evidentes. Se dice de Yoritomo que negó a Yoshitusune los títulos nobiliarios otorgados a Noriyori y que se enfureció cuando la corte siguió adelante y los aprobó de todas formas. Puede que simplemente fuera cuestion de que Yoritomo quisiera que su delegado se mantuviera fuera de cualquier influencia de la corte, pero parece más probable que el momento se estaba preparando para lo que ocurriría tras las Guerras Gempei. En Marzo de 1185, con Noriyori preparándose para invadir Kyushu, Yoshitsune recibió autorizació para regresar a la guerra. Pretendiendo un asalto en Yashima, acantonó una flota de naves en Watanabe (provincia de Settsu). Durante los preparativos discutió con Kajiwara Kagetoki, uno de los sirvientes más cercanos de sus hermanos mayores, acerca de la estrategia, un incidente que muy bien pudo volver más tarde para perseguir a Yoshitsune. En la tormentosa noche del 22 de marzo Yoshitsune decidió que el tiempo era adecuado para navegar y ordenó a sus hombres subir a los barcos. Viendo que el clima era extremadamente adverso, los marineros se negaron a salir al mar, y solo lo hicieron después de que Yoshitsune amenzará con matar a todo aquél que desobedeciera sus órdenes. Incluso así, no todas las naves siguieron a Yoshitsune aquella noche. Imperturbable, Yoshitsune atracó en Shikoku al amanecer y se encaminó a Yashima, a unas treinta millas de distancia. Supo por un guerrero local que, a pesar de la importancia del fuerte, la guarnición Taira en Yashima se había reducido en la actualidad a favor de una expedición a Iyo, una información bienvenida que le empujó a seguir adelante. Por aquél entonces, Yashima se hallaba separada de la tierra principal por un estrecho canal fácilmente vadeable a caballo cuando la marea estaba baja. La base Taira estaba situada en la playa que encaraba la isla principal, con su flota fondeada en los bajíos al frente, fácilmente accesible. Alertado del acercamiento de Yoshitsune por los fuegos que se encendieron en la cercana Takamatsu y temiendo que una fuerza mucho mayor que la que realmente tenía Yoshitsune estaba en las proximidades, Taira Munemori ordenó la inmediata evacuación del fuerte y huyó a las naves con el Emperador Antoku. Yoshitsune dirigió a sus hombres a una carga hacia el canal y se inició una batalla en torno a los barcos mientras cierto valeroso Minamoto llamado Gotobyôe Sanemoto prendió fuego al fuerte. Para cuando Munemori se dio cuenta de los pocos hombres con los que contaba Yoshitsune, el fuerte ya estaba en llamas. El combate continuó en los bajíos hasta que la llegada del alba forzó un descanso, punto en el que los Taira se movieron más allá del alcance de las flechas Minamoto. En un célebre incidente, los Taira, esperando que su enemigo desperdiciara flechas, enarbolaron un abanico en una de sus naves y retaron a los Minamoto a probar con él sus habilidades como arqueros. Nasu Munetaka, un joven y diminuto guerrero conocido por su habilidad con el arco, fue convocado y Yoshitsune le ordenó que intentara golpear el abanico. Determinado a golpearlo o cometer seppukku en caso de fallar, Nasu cabalgó dentro del agua y soltó una flecha zumbadora, destrozando el abanico- para delicia tanto de los Minamoto como de los Taira. A la mañana siguiente, los Taira navegaron hasta el puerto cercano de Shido mientras Yoshitsune les perseguía de cerca. De acuerdo con el Heike Monogatari, los Taira sobreestimaron los números de las tropas que los Minamoto tenían en Shikoku y acabaron huyendo completamente de la isla. Se reagruparon en Hiroshima, Nagato, mientras que Yoshitsune, tras ver las cabezas tomadas, cruzó la provincia de Suo y se preparó para la que probablemente sería la batalla final de la guerra. Inspirado por las victorias de Yoshitsune, algunos que apoyaban la causa aparecieron a última hora, reforzando los números de Yoshitsune tanto en hombres como – y esto era más importante- en naves. Al anochecer del 24 de abril de 1185 los Minamoto navegaron contra los Taira, que esperaban en un lugar que se ha hecho famoso en la historia japonesa como Dan no Ura. Yoshitsune superaba en número a la cantera Taira casi por dos a uno (850 - 500) pero los Taira prometieron pelear con fiereza. No tenían otro lugar al que correr y estaban inspirados por el liderazgo y el valor de Taira Tomomori, un guerrero mucho más experimentado que el señor oficial del clan, Munemori. La batalla comenzó alrededor de las ocho, con la marea fluyendo a favor de los Taira. Estos se habían dividido en tres grupos, con un gran arquero llamado Yamaga Hidetô comandando la vanguardia. Sus arqueros hicieron un sangriento trabajo contra los guerreros Minamoto, hacinados en sus barcas hasta que las flotillas oponentes se unieron y la lucha se convirtió en una de espada y lanza. Los Taira lucharon bien y el resultado estaba en duda hasta que uno de sus comandantes, Taguchi Shigeyoshi cambió de bando. Taguchi se abrió paso hasta Yoshitsune y señaló el barco que tenía al Emperador. Armado con este conocimiento y el favorable cambio en las mareas en contra de los Taira, Yoshitsune reunió a sus samurai y gritó a sus arqueros que disparararan a los barcos enemigos. La marea de la batalla se detuvo, se agitó y se volvió en contra de los Taira. El emperador y su madre, la viuda de Taira Kiyomori, se arrojaron al agua y se ahogaron, seguidos por Tomomori y otros cientos guerreros Taira. El desastrado Munemori fue capturado y por la tarde temprano el triunfo de Yoshitsune era completo. El clan Taira fue erradicado como amenaza para el poder Minamoto y en 1192 Yoritomo podría ser nombrado Shogûn. En 1192, sin embargo, Yoshitsune moriría. El mismo año que ganara la batalla de Dan no Ura, Yoritomo ordenó su muerte y en 1189 fue atrapado y forzado a cometer seppukku en el lejano norte. ¿Qué trajo esta caída desde la gloria? Al menos en parte, la naturaleza sospechosa de Yoritomo tuvo la culpa, combinado con su obvia ambición. Su sobrino Kiso Yoshinaka ya cometió el error de contrariarle; ahora Yoshitsune, cuya relación con el futuro Shogûn había empeorado aquel mes, iba a sufrir un destino similar. Parece que tras Dan no Ura, Yoritomo se negó a premiar a su hermano con títulos, como hiciera tras Ichi no Tani. De acuerdo con el Heike Monogatari y el Asuma Kagami, el rival de Yoshitsune, Kajiwara Kagetoki, tomó cada oportunidad para calumniar a Yoshitsune, evidentemente con buenos resultados. Evidentemente Yoritomo incluso rechazó dejar que su hermano entrara en Kamakura cuando llegó con el prisionero Taira Munemori. Perplejo por la hostilidad de su hermano, Yoshitsune envió una carta a Ôe Hiromoto, uno de los jefes consejeros de Yoritomo. En su famosa ‘Carta Koshigoe’, Yoshitsune desacreditaba las calumnias elevadas acerca de su persona y protestó insistiendo en ser sus leal a la familia Minamoto y a Yoritomo en persona. Cuando esto no trajo ninguna respuesta positiva después de tres semanas en el pueblo de Koshigoe, Yoshitsune volvió a Kyoto. Pudo haber sido perfectamente que ese Go- Shirakawa, ahora una vieja mano en la intriga política, esperaza explotar la situación en su propio beneficio ensanchando la grieta entre los dos hermanos. Los títulos otorgados a Yoshitsune, que incluían la gobernación de Iyo que Yoritomo rápidamente anuló, sin duda levantaron sospechas en Kamakura. De hecho, los eventos del verano de 1185 son tan sombríos que desafían cualquier explicación definitiva de los sucesos que ocurrieron después. Lo que se sabe con certeza es que finalmente Yoritomo decidió deshacerse de Yoshitsune, cuyo comportamiento se pensó que se había vuelto abiertamente traicionero. Yoritomo ordenó a Noriyori tomar el mando de la expedición; Noriyori protestó en beneficio de Yoshitsune y finalmente rechazó de pleno, un acto que le ganó un viaje al exilio. En su lugar fue enviado un guerrero conocido como Tosa no bô Masatoshi que más tarde fue capturado y asesinado por los hombres de Yoshitsune. Yoshitsune ya había aprendido que su vida estaba en serio peligro y a mediados de noviembre se aseguró autorización imperial de Go- Shirakawa para hacer la guerra a su hermano mayor. En esta ocasión se alió con Minamoto Yukiie, un tío que una vez sirvió junto con Kiso Yoshinaka. Cuando llegaron noticias de un gran ejército aproximándose desde Kamakura, decidieron huir a Kyushu, donde Yoshitsune había sido nombrado jitô por Go-Shirakawa. Desafortunadamente, ambos fueron atacados por hombres del clan Minamoto leales a Yoritomo en Settsu y fueron forzados en última instancia a rendir sus planes a la huida a las provincias occidentales. La mayor parte de los hombres que apoyaron a Yoshitsune y a su tío desaparecieron y en diciembre Yoshitsune era atendido por un puñado de sirvientes, reducido a esconderse en los montes del sur de Kyoto como un simple bandido. Entonces ya había sido despojado de sus títulos y su consorte Shizuka se hallaba bajo custodia; para rematar la cosas ¡Yoritomo incluso había cambiadop su nombre durante su ausencia! De alguna forma, en medio de muchos rumores de sus hazañas y escondrijos, Yoshitsune se abrió paso hasta Mutsu, donde encontró refugio con su antiguo guardián, Fujiwara Hidehira. Hidehira murió en noviembre de 1187 y dejó un testamento en el que Yoshitsune debería gobernar Mutsu, un deseo que el hijo de Hidehira, Yasuhira, ignoró. Un conflicto estalló dentro de los Fujiwara e inevitablemente, las autoridades de Kamakura supieron la localización de Yoshitsune. El 13 de junio de 1189, Yoshitsune y su viejo compañero Benkei fueron encontrados en la mansión de Fujiwara Motonari en Koromogawa cuando Fujiwara Yasuhira atacó bajo la presión de Yoritomo. Benkei se las arregló para mantener alejados a los asaltantes el tiempo suficiente para que Yoshitsune matara a su joven esposa y cometer seppukku. La cabeza de Minamoto Yoshitsune fue transportada hasta Kamakura, donde provocó una respuesta emocional por parte de todos los que la vieron. Años más tarde, cuando Yoritomo cayó de su caballo (sufriendo heridas fatales en la caída), la historia que circuló fue que el Shogûn fue sobresaltado por el fantasma del traicionado Yoshitsune. Un soldado notable y clásica figura trágica, Yoshitsune fue una leyenda más allá de su muerte. Kûjo Kanezame, un leal a Yoritomo, escribió en su diario en 1185: "Yoshitsune ha dejado grandes logros; a este respecto no hay nada que discutir. En valor, benevolencia y justicia, está ligado a dejar un gran nombre a la posteridad. En esto solo puede ser admirado y alabado. La única cosa en la que decidió rebelarse a Yoritomo. Este es un grave crimen de traición.” El modo en el que Yoshitsune murió le aseguró una paz honorable en la posteridad, mientras que la memoria de Yoritomo llevará para siempre una mancha negra como resultado. Tan solo lo que ocurrió en esos meses del verano de 1185 será un misterio, pero los logros de Yoshitsune en las Guerras Gempei cambiaron el curso de la historia japonesa y le otorgaron un lugar entre los más grandiosos samurai. Ayuda para la sección "Samurai del Momento"Buenos días, Visitante. ESte pequeño documento es para echarte un cable al respecto de una de las secciones del blog: "Samurai del Momento". Con cierta regularidad (espero) publicaré una entrada en dicha categoría con la historia o hitos relevantes acerca de diversos samurai. Para leer las historias nuevas simplemente busca el link "Samurai del Momento" en el apartado "Categorías"para conocer las gestas del samurai del momento :) A ver cuanto dura... Abayo!!! |
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